De la “Batalla de Seattle” a la crisis del 2008 y Obama

Este articulo fue publicado por Viento Sur, en número 107, diciembre 2009.

En septiembre pasado unas 8000 personas, de movimientos socials, iglesias, sindicalistas y activistas de izquierda, se manifestaron en Pittsburgh para protestar frente a la reunión de los ministros de finanzas del G20. La marcha llegó cerca del décimo aniversario de la famosa Batalla de Seattle, en la que sindicalistas y ecologistas se unieron junto a un amplio espectro de activistas y movimientos sociales para intentar desafíar a la Organización Mundial del Comercio (OMC). La Batalla fue un éxito impresionante, representando una nueva fase en la cooperación entre diversos movimientos, un nuevo nivel de militancia, y sugiriendo que el movimiento estaba en ascenso. Pero dos años después los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Center y el Pentágono, y el ataque fallido en el Capitolio, frenaron al movimiento por la justicia global y el activismo decayó rápidamente.

Democracy one way, WTO other way

Los activistas ecologistas, los sindicalistas, y los miembros de las iglesias que participaron en las batallas callejeras en Seattle volvieron a sus comunidades locales preparados para desafiar a las multinacionales y al gobierno. La Batalla de Seattle de 1999 representó un alzamiento repentino contra la globalización al servicio de las multinacionales, abriendo nuevas esperanzas en la posibilidad de un cambio social progresista.

Diez años después, George W. Bush, después de submergir al país en la Guerra de Irak, de demostrar una negligencia criminal frente al huracán Katrina, y alimentandopolíticas que contribuirían a la “Gran Recesión”, trajo no esperanza, sino desesperanza. Ante este sentimiento, Barack Obama hizo un llamamiento a la esperanza y al cambio, pero a diferencia del sentimiento anti-empresarial de Seattle, la visión del cambio de Obama es totalmente pro-empresarial, gubernamental e imperial.

¿Cómo Estados Unidos pasaron de este inspirador momento anti-multinacionales y, para algunos, anticapitalista en Seattle a la elección de un nuevo presidente liberal pro-empresarial en 2008? Lo que lo explica es el carácter peculiar, desigual, errático y episódico de la trayectoriadel sindicalismo y los movimientos sociales en Estados Unidos en el periodo 1990-2009. En contraste, por ejemplo, con el periodo de 1956 a 1979, cuando los movimientos sociales en Estados Unidos se expandieron exponencialmente, año tras año, hasta llegar a un crescendo en torno a 1968 que se mantuvo los años siguientes, entre 1990 y 2009, los movimientos emergieron, florecieron y murieron, a menudo en uno o dos años. Casi nunca los movimientos se expandieron de un sector a otro, y pocas veces sus acciones confluyeron. La Batalla de Seattle, juntando a varios sectores del sindicalismo y el activismo radical, fue la gran excepción del periodo, quizá el comienzo de un nuevo periodo si éste no hubiera sido interrumpido y bloqueado por los ataques terroris- tas de 2001, que trajeron la guerra, las políticas represivas y la reacción política.

La política de los años noventa. Para comprender el significado de la Batalla de Seattle y de la elección de Obama, tendríamos que remontarnos al comienzo de los noventa. La década de los noventa puede considerarse que empezó en 1989 con los alzamientos en Europa del Este que llevaron en un año al derrocamiento de los regímenes allí y en 1991 a la caída del comunismo en la Unión Soviética. Sin el apoyo soviético, Cuba entró en el “período especial” de austeridad, debilitando su rol en el hemisferio. Yen el mismo momento, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que había inspirado a muchos izquierdistas norteamericanos, perdió las elecciones. Apesar de que algunos sectores de la izquierda norteamericana, sobre todo los trotskystas y los maoístas, hacía mucho tiempo que habían per- dido la fe en la Unión Soviética, el aparente “hundimiento del comunismo” desmoralizó y desorientó a algunos sectores de izquierda. Aunque, en verdad, la izquierda era un factor muy pequeño en la sociedad norteamericana.

En cualquier caso, el mundo aparecía ahora para todos muy diferente que antes. De golpe, el marco bipolar de la Guerra Fría basado en la lucha entre Estados Unidos en tanto que líder del “Mundo Libre” y la Unión Soviética como líder del “Comunismo”, ya no existía. Los analistas políticos proclamaron que la democracia y el capitalismo habían ganado al totalitarismo y la economía planificada. Francis Fukuyama en su ensayo de 1989 sugirió que la historia había llegado al final y el presidente de Estados Unidos, George H. Bush y la primera ministra británica Margaret Thatcher sugirieron que el mundo disfrutaría del “dividendo de paz”. Los círculos dirigentes norteamericanos expresaron su júbilo a medida que las economías del Este y su sistema de bienestar social se hundieron. Occidente cantó victoria, los conservadores se regocijaban en su poder y su prosperidad. La izquierda se retiró y esperó.

Hacia la guerra en Kuwait e Irak

El dividendo de paz, sin embargo, no se materializó. Cuando Saddam Hussein empujó a Irak a la toma de Kuwait en agosto de 1990, Estados Unidos aprovecharon sus ambiciones exageradas para declarar la guerra a Irak. En el breve periodo previo a la guerra, activistas religiosos y no confesionales se organizaron rápidamente en un impresionante movimiento antiguerra. Cuando la guerra empezó, sin embargo, las protestas fueron enseguida eclipsadas por los símbolos patriotas, como el águila enfadadao los ribetes ligados en árboles en apoyo a las tropas. Estados Unidos, actuando bajo la égida de las resoluciones de la ONU y al frente de una coalición de 34 países, enviaron más de medio millón de soldados a Irak, de un total de un millón. La guerra que empezó en enero de 1990 terminó en febrero de 1991, cuando la Operación del Desierto rápidamente derrotó al destruido ejército de Hussein. La Guerra del Golfo, la primera gran operación militar de Estados Unidos desde Vietnam, mostró ser un gran éxito. La victoria militar de George H. Bush en el extranjero pareció consolidar su posición en casa y la permencia del Partido Republicano en el poder.

La presidencia Clinton. Pero, sólo dos años después, Bush, cuya popularidad había caído fuertemente por haber subido los impuestos violando una promesa anterior, perdió las elecciones en una contienda a tres bandas. Bill Clinton, un populista simpático en su estilo y políticamente un sofisticado demócrata centrista, se mostró capaz de llevar adelante reformas conservadoras que los Republicanos habían sido incapaces de hacer, como aprobar una reforma sanitaria que desmanteló el grueso del sistema norteamericano de bienestar.

También al frente de las prioridades de la agenda de Clinton estaba la reforma del comercio, en particular el Tratado de Libre Comercio (TLC), una iniciativa heredada de George Bush que pretendía establecer una especie de mercado común entre Canadá, México y Estados Unidos. Los sindicatos se opusieron al TLC y bajo su presión Clinton y los Demócratas añadieron unos acuerdos laterales sobre derechos laborales, supuestamente para defender los derechos de los trabajadores. Igualmente el movimiento ecologista arrancó también unos acuerdos laterales sobre medioambiente. Aunque ambos acuerdos eran claramente ineficaces, dieron legitimidad suficiente al Tratado para que los Demócratas lo apoyasen. El TLC pasó en el Congreso y se convirtió en ley en diciembre de 1993. La movilización sindical acerca del TLC, a pesar de tener fundamentalmente un carácter nacionalista y proteccionista, representó un importante paso en el desarrollo de una conciencia política entre los líderes sindicales, activistas y miembros de base. Algunos irían de la lucha contra el TLC a la Batalla de Seattle.

Un nuevo activismo radical. El día en que el TLC entraba en vigor, 1 de enero de 1994, un pequeño y hasta entonces desconocido grupo guerrillero, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) lideró un alzamiento en el Estado más sureño de México, Chiapas, llamando al derrocamiento del gobierno de Carlos Salinas, a la convocatoria de una convención nacional para escribir una nueva Constitución, y a la parálisis del TLC. Algunos de sus miembros también hicieron llamados a favor del socialismo. El EZLN difundió su alzamiento y objetivos por todo el mundo a través de la World Wide Web, haciendo que algunos la denominaran la primera revuelta de internet. Aunque el gobierno mexicano rápidamente contuvo a los rebeldes y pronto entabló negociaciones con ellos, el portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, reinterpretó al movimiento y sus objetivos como un tipo de movimiento anarquista indígena. El levantamiento de Chiapas y el EZLN inspi- raron una nueva generación de jóvenes radicales en todo el mundo, muchos de los cuales se convirtieron en activistas del movimiento contra la globalización neoliberal dominada por las multinacionales. Por todo Estados Unidos, jóvenes activistas anarquistas participaron en las manifestaciones contra el libre comercio con los pasamontañas del EZLN y pañuelosrojos. En gran medida debido al impacto del EZLN, por primera vez en cien años, una pequeña corriente política anarquista renació en Estados Unidos. Inspirada en los Zapatistas, la juventud anarquista, con las caras cubiertas por sus máscaras, llegaría también a Seattle.

Desde los años setenta, una corriente ecologista radical se había estado desarrollando, particularmente en Oregón y California. Los ecologistas preocupados por la protección de los bosques de la región habían empezado en los ochenta a hacer sentadas y “spiking” (una práctica consistente en poner pedazos de metal en los árboles para impedir el uso de las sierras mecánicas) en los árboles para parar la tala de árboles y salvarlos. Algunos grupos evolucionaron hacia el eco-terrorismo y el eco-sabotaje en los noventa, aunque la mayoría combinó su filosofía ecologista con tácticas de acción directa en general no violentas. El movimiento ecologista, particularmente fuerte en el noroeste de Estados Unidos, también tuvo éxito en algunos lugares en superar la hostilidad de los sindicatos, y a finales de los noventa, fue emergiendo una alianza entre sindicatos y ecologistas. Para el movimiento ecologista radical, Seattle fue virtualmente su hogar.

Reforma sindical. Después de décadas de estancamiento burocrático, los sindicatos norteamericanos vieron desarrollarse un movimiento de reforma significativo en los noventa, aunque al final se mostró incapaz de superar el carácter burocrático, la corrupción extendida, y la orientación moderada de los sindicatos. En los Teamsters [el sindicato de transportistas], Ron Carey consiguió en 1991, con el apoyo de los Teamsters for a Democratic Union, una corriente de base dentro del sindicato, ganar la presidencia. Bajo la dirección de Carey, los Teamsters dirigieron la exitosa huelga nacional contra UPS, la compañía de transporte más grande del país, en 1997. Sin embargo, cinco días después que la huelga hubiera finalizado, investigaciones del gobierno revelaron que personas que trabajaban en el equipo de Carey habían robado dinero del sindicato para apoyar su campaña de relección a la presidencia del mismo. Los tribunales inhabilitaron a Carey para presentarse y James P. Hoffa Jr. se convirtió en presidente en 1998. Bajo su dirección, las conquistas de la huelga exitosa de Carey se desvanecieron.

La AFL-CIO, la federación a la que pertenecen la mayoría de los sindicatos norteamericanos, también experimentó un proceso de reforma en este periodo. En 1995, John Sweeney, del Service Employees International Union (SEIU), consiguió desafíar al grupo conservador que había dirigido la federación desde su fundación en los años cincuenta, liderando una coalición de varios sindicatos, entre ellos los Teamsters de Carey. Sweeney y su plataforma New Voice sostenían que la federación había fracasado en reclutamiento y afiliación, a medida que los sindicatos disminuían en tamaño e influencia.

Una vez elegido, Sweeney y su equipo ampliaron el tamaño del consejo, y el numero de mujeres y minorías en su seno, intentaron movilizar a los sindicatos en favor de nuevas campañas de afiliación, reclutar a estudiantes universitarios para trabajar para los sindicatos y crear alianzas con intelectuales. Defendió la creación de un centro estratégico, una mejor coordinación y más apoyo para las huelgas, y para organizar a los trabajadores de bajos salarios, sobre todo los trabajadores de color. También, hay que señalarlo, la AFL-CIO cambió su posición tradicional sobre los inmigrantes, instando a los sindicatos a apoyar y a organizar incluso a los trabajadores indocumentados. Este movimiento de reforma desde dentro de la dirección sindical no pudo superar el carácter burocrático de los sindicatos. Aunque crearía suficiente nueva energía para propulsaralgunos afiliados sindicales hacia la confrontación de Seattle.

La Batalla de Seattle. Cuando la OMC decidió reunirse en Seattle escogió una ciudad que se había convertido en el punto focal de varias tendencias pro- gresistas. El International Longshore and Warehouse Union(el sindicato de portuarios) estaba dirigido desde hacía tiempo por viejos izquierdistas cuyos orígenes se encuentran en el Partido Comunista. Los reformadores de los Teamsters ligados a Carey y la corriente Teamsters for a Democratic Union controlaban uno de los sindicatos locales más grandes de la ciudad. Seattle era el centro del ecologismo radical, y mucha de su juventud había sido influida por la ideología anarquista del EZLN. La AFL-CIO, todavía al comienzo de su reforma bajo Sweeney, particularmente molesta con la admisión de China en la OMC debido a razones nacionalistas y proteccionistas, decidió movilizar a sus miembros para protestar en Seattle. Sindicatos como los United Steelworkers (los metalúrgicos) organizaron delegaciones desde ciudades a cientos de millas lejos.

Por tanto, por un breve instante, sindicatos, ecologistas y la juventud anarquista se juntó para desafíar a la élite política y económica mundial, y consiguió durante unos días sacudir la ciudad, y casi paralizar el encuentro de la OMC. Cuando la policía se enfrentó a los manifestantes, a menudo los sindica- listas de los Longshoremen, Teamsters, o Steelworkers s encontraban al lado de los ecologistas y los jóvenes anarquistas. La Batalla de Seattle revigorizó a la izquierda norteamericana, aunque esto duraría poco.

September 11

11 de Septiembre, una nueva realidad política. Los ataques del 11S frenaron en seco este alzamiento radical. Primero, provocaron un auge del patriotismo y el aliniamiento de la opinión pública con el Presidente George W. Bush. Ala histeria del momento se le añadieron los misteriosos ataques con ántrax a un cierto número de cargos públicos, políticos y ciudadanos que recibieron cartas con polvo blanco contaminado con el letal virus del ántrax. Aunque después se descubrió que era responsabilidad de un individuo y no de una conspiración terrorista internacional, contribuyó a la atmósfera nacional de miedo e incluso alarma. Segundo, la Administración Bush, dominada por los Neo-Cons, un grupo de políticos derechistas, aprovechó el clima nacional de rabia, miedo y deseo de venganza, para lanzar las guerras de Afganistán, donde estaba localizada Al Qaeda, y de Irak, que no tenía nada que ver con los atentados.

Tercero, el Congreso aprobó la Patriot Actque reorganizaba las agencias federales de la policía e incrementaba los poderes policiales, incluído la vigilancia de los ciudadanos. El gobierno de Estados Unidos, ignorando los derechos civiles garantizados por la Constitución y las Convenciones de Ginebra, arrestó, encarceló y torturó prisioneros en Irak o Afganistán, o en prisiones de otros países de Europa, o en la cárcel de la base militar de Guantánamo en Cuba. La xenofobia aumentó y los ataques policiales a los inmigrantes aumentaron, y no sólo contra los de Oriente Medio. Patriotismo, xenofobia y represión caracterizaron el periodo. La atmósfera política desanimó el disenso, la oposición o incluso crítica al gobierno. Sin embargo, floreció un amplio y ruidoso movimiento anti-guerra en oposición a la Guerra de Irak, como había sido el caso para la primera Guerra del Golfo. Aunque, una vez declarada la guerra, la mayoría de los norteamericanos se unieron detrás del esfuerzo de guerra, y el movimiento anti-guerra sufrió un retroceso temporal.

Los sindicatos estancados. Durante los años 2000 la mayoría de sindicatos tuvieron dificultades para mantener su base, aunque el SEIU consiguió a través de su campaña Justice for Janitors [Justicia para los Limpiadores] organizar a un numero significativo de trabajadores de la limpieza. En muchas ciudades, varios sindicalistas confluyeron en las agrupaciones locales de Jobs With Justice [JWJ, Empleos con Justicia] para ofrecer solidaridad mutua y ocuparse de asuntos legislativos. También ha sido importante en esta década el crecimiento del Labor Against War [Sindicalismo contra la Guerra], que formó y movilizó a sindicatos y trabajadores contra la guerra en Irak. Finalmente, Labor for a Single Payer construyó un movimiento para pedir un plan sanitario universal gubernamental para todos los norteamericanos. Los intentos de organizar movimientos amplios contra las presiones empresariales para concesiones (en los convenios colectivos) o para afrontar cuestiones importantes como la reorganización de la industria automovilística en bancarrota, se demostraron futiles. Aunque hubo alguna excepción com la ocupación por parte de los trabajadores de la fábrica Republic Windowsen Chicago en 2008, la mayoría de los trabajadores norteamericanos simplemente no querían luchar.

Con los sindicatos aún en declive, en 2005, el SEIU dirigido por Andy Stern, junto con cinco de los sindicatos nacionales más grandes, UNITE-HERE (textil, hostelería y restauración), los Carpenters, los Laborers, los Teamsters, y la United Food and Commercial Workers Union (alimentación), abandonaron la AFL-CIO para crear Change to Win. La nueva federación prometió concentrar todos sus esfuerzos en organizar a los trabajadores mal pagados, los inmigrantes, los trabajadores de color y las mujeres. Pero, otra vez, de forma bastante similar a Sweeney y su New Voicedentro de la AFL-CIO, Change to Win simplemente se mostró incapaz de parar y revertir la tendencia de fondo del declive en la afiliación sindical, huelgas e influencia política. Para 2008, después de la elección de Barack Obama, la AFL-CIO y Change to Win discutieron de nuevo la posibilidad de una reunificación sindical.

Los sindicatos sí tuvieron éxito en este periodo en establecer lazos más fuertes con las comunidades inmigrantes. Los sindicatos tradicionales y los nuevos Workers Centers (centros de trabajadores) se ocuparon de los asuntos de los inmigrantes, afiliaron a inmigrantes, y en muchos casos participaron en el movimiento por la reforma de las políticas de inmigración. Los activistas y los líderes sindicales inmigrantes jugarían un rol clave en el movimiento a favor de los derechos de los inmigrantes, el más grande e impresionante movimiento de los años 2000, que también fue el más efímero.

Los inmigrantes en movimiento. En la primavera y verano de 2006, millones de inmigrantes, la mayoría latinos y especialmente mexicanos, se manifestaron en ciudades de todo Estados Unidos a favor de la reforma de la Ley sobre Inmigración. Estaban apoyados por los sindicatos y la iglesia católica, y organizados a través de asociaciones de los mismos pueblos natales en su país de origen, clubes de fútbol, iglesias y estaciones de radio. En algunas ciudades, como Chicago y Los Ángeles, las manifestaciones de cientos de miles de personas en el Primero de Mayo se convirtieron virtualmente en huelgas generales. En muchos casos los empresarios cerraron las fábricas en apoyo a la refoma de las leyes de inmigración, y en otros los trabajadores abandonaron el puesto de trabajo para manifestarse y forzaron el cierre de las fábricas. Las movilizaciones de los inmigrantes del Primero de Mayo de 2006 fueron las manifestaciones sociales más grandes de la historia de Estados Unidos. Pero, el año siguiente, las manifestaciones de inmigrantes declinaron dramáticamente, el movimiento virtualmente despareció, y la reforma legal se estancó.

Immigrant activists hold sign reading Ningun Ser Humano Es Ilegal

Katrina: Estados Unidos como “Estado Fallido”. En agosto del mismo verano del 2006, el huracán Katrina golpeó la costa del Golfo y la ciudad de Nueva Orleans. Los diques se rompieron, y la ciudad se inundó. La Agencia Federal de Administración respondió lentamente, y George W. Bush demostró una combinación de incompetencia, indiferencia y crueldad hacia las víctimas del huracán que dañó su reputación y debilitó su administración. La forma en que Estados Unidos afrontó este desastre natural apareció ante todo el mundo como la de un “Estado Fallido”. El huracán, que mató a 1800 personas, atrajo la atención nacional hacia una ciudad muy famosa por sus contribuciones al blues y al jazz, mostrando la terrible pobreza de sus comunidades afroamericanas y blancas. Los barrios de la ciudad se organizaron para ayudarse mutuamente, y también lo hicieron otras comunidades afroamericanas, iglesias, escuelas y universidades de todo el país, para ayudar a limpiar y reconstruir Nueva Orleans. Las organizaciones de izquierda intentaron construir un movimiento a partir de la rabia que brotó en reacción a la gestión gubernamental del Katrina. Se establecieron algunos contactos, pero ningún movimiento significativo salió de estas experiencias. La rabia por el Katrina se volvería contra Bush y el Partido Republicano y a la postreayudaría a aupar Obama a la Casa Blanca.

El movimiento anti-guerra. Mientras, a medida que la guerra de Bush en Irak continuaba, con más de 2500 bajas en las tropas norteamericans en 2006 y muchos miles más de soldados heridos, la opinión pública gradualmente empezó a girar contra la guerra y el movimiento anti-guerra renació. Estaba dirigido por tres grandes organizaciones: MoveOn.Org, United For Peace and Justice(UFPJ), y el International Action Center, las primeras fundadan por liberales, la ultima por un pequeño grupo socialista, Workers World Party. MoveOn.Org, originalmente creada en 1998, utilizaba internet para movilizar en torno a causas liberales, pero se convirtió durante los años 2000 principalmente en una organización anti-guerra. Utilizó su amplio acceso a millones de personas para organizar manifestaciones y protestas locales y nacionales contra la guerra. Políticamente estaba alineada con los liberales del Partido Demócrata. United for Peace and Justice, fundada en 2002, era una coalición anti-guerra más tradicional de cientos de organizaciones locales, estatales y nacionales de todo el país, unidos para oponerse a la guerra de Irak y más en general al militarismo y el imperialismo de Estados Unidos. Aunque era más independiente políticamente que MoveOn.Org, sus líderes tendían a orientarse hacia el Partido Demócrata, aunque en ella participaban muchos grupos y personas independientes.

El tercer centro nacional anti-guerra, el International Action Center (IAC), fundado más o menos en el mismo momento, fue creado por el Workers World Party (WWP). Este partido tenía sus orígenes en una escisión del trotskista Socialist Workers Party(SWP) en 1948, pero después de dejar el SWP giró primero hacia la Rusia de Stalin y después hacia Mao Tse Tung y el comunismo chino. El International Action Center, políticamente controlado por el WWP, movilizó contra la guerra pero también ligó la protesta anti-guerra con otros temas, como la lucha palestina contra Israel. El movimiento anti-guerra, bajo una de estas tres coaliciones o bajo breves alianzas entre ellas, organizó a cientos de miles de personas en masivas manifestaciones, antes de la guerra y después que ésta hubiera empezado, aunque no pudo forzar a la administración Bush a parar sus guerras.

Movimientos sociales y alternativas políticas. Aunque varios sindicatos y movimientos sociales hicieron progresos irregulares e intermitentes en los años 1990 y 2000, no encontraron expresión política en un partido independiente y de izquierdas. El sistema político norteamericano, por más de cien años un sistema bipartidista, es hostil a los partidos políticos independientes. El Labor Party, creado en 1996 bajo la dirección de Tony Mazzochi, juntó a su propio sindicato, el Oil, Chemical and Atomic Workers Union (OCAW), con el United Mine Workers (UMW), al International Longshore and Warehouse Union, la California Nurses Association, y la American Federation of State, County and Municipal Employees, así como muchos sindicatos locales. Pero al declinar presentar un candidato presidencial o desafíar a los Demócratas en las elecciones, fracasó en poner un pie en la escena política norteamericana, y en los años 2000 se había convertido en insignificante e irrelevante.

El Partido Verde, emergido del movimiento ecologista, presentó al abogado defensor de los consumidores Ralph Nader a presidente en 1996 y 2000. En la campaña del año 2000, Nader incluyó demandas sociales y sindicales, y su discurso sonaba como populista o incluso socialista. Cuando en el 2000 obtuvo el 2,74% del voto popular, los Demócratas lo vilipendiaronpor haber causado la derrota de Gore. Nader se presentó de nuevo como independiente en 2004, pero tuvo poco impacto. En el 2008 el Partido Verde presentó a Cynthia McKinney, una congresista de Georgia, como su candidata presidencial, mientras que Nader se presentó de nuevo como independiente. Ninguno de los dos tuvo un impacto significativo en las elecciones. La izquierda norteamericana, incapaz de crear un partido de izquierdas, vió como sus esfuerzos organizativos contribuían y eran recuperados por los Demócratas en las elecciones.

La crisis financiera. Con la guerra de Irak todavía continuando en el año 2008 la economía empezó a ralentizarse y a finales de año empezó una crisis económica de gran magnitud. La crisis financiera en Estados Unidos, causada por hipótecas basura inmobiliarias, derivados sin valor, y prácticas fraudulentas generalizadas, hundió una serie de instituciones financieras a partir de la primavera del 2008. Bearn Stearns quebró y fue comprada por J.P. Morgan Chase en marzo.

Aquel verano Estados Unidos, a pesar de la ideología de libre mercado dominante, tuvo que intervenir el banco hipotecarioIndyMac y las empresas de hipotecas Fannie Mae y Freddie Mac. En septiembre, la Washington Mutual, el “banco de ahorro” más grande del país, se hundió. Lehman Brothers quebró en octubre. Y a final de 2008, el gobierno de Estados Unidos gastó 50.000 millones de dólares para rescatar CitiBank. Acomienzos del 2009, el gobierno metió 20.000 millones para rescatar al Bank of America, y otros 118.000 millones para garantizar sus activos tóxicos. Ahora, unos meses después estamos ante una tercera ronda de intervenciones, con decenas de miles de millones gastados en rescates financieros, y la crisis económica todavía empuja hacia abajo.

La crisis llega a la industria. Ningún sector de la economía estuvo a salvo. Lo que empezó en la industria de la construcción, bienes inmuebles,e hipotecas rápidamente se expandió a las finanzas y rápidamente saltó a la industria del automóvil, y de aquí al conjunto de la economía. Afinales de enero, multinacionales muy diversas como Citigroup, Caterpillar, Harley-Davidson, Home Depot, General Electric and Nokia, Sprint Nextell, Texas Instruments, e incluso Microsoft, anunciaron despidos por un total de 75.000 empleos. Boeing e IBM también hicieron recortes de plantilla. En febrero, las 500 empresas más grandes del país despidieron a 123.604 personas, en JPMorgan, Dow Chemical, Corning, Micron Technology, Avon, U.S. Steel, Best Buy, Chevron, Delta, Goodyear, General Motors, Delphi, John Controls, Smithfield, Wal-Mart, United Technologies, W.W. Grainger, Caterpillar, U.S. Airways, Nike, General Electric, and Macy’s. Todos los sectores de la economía quedaron atrapados en la crisis. Acomienzos de marzo, los auditores informaron que General Motors, durante décadas el centro y el símbolo de la economía norteamericana, podría tener que declararse en bancarrota. Pronto, General Motors y Chrysler se enfrentaban a la bancarrota y pidieron ayuda gubernamental.

La Oficina de Estadísticas Laborales informó el 6 de marzo que el desempleo había subido del 7,6 al 8,1% en febrero, la tasa más alta en 25 años. Estimó que 12,5 millones de norteamericanos estaban en el paro en febrero, un incremento de 851.000 respecto a enero. Unos 651.000 empleos se habían perdido ya en enero. Durante cada uno de los tres últimos meses, se habían perdido más empleos que en un periodo similar desde octubre de 1949. En el último trimes- tre de 2008, la economía de Estados Unidos cayó un 6,2%, el peor trimestre desde 1982. Pero, a pesar de las quiebras, cierres y despidos, en ningún lugar de los Estados Unidos hubo protestas sindicales significativas.

Políticamente, sin embargo, la economía fue la gota que colmó el vaso. Después del macabro fiasco en la gestión gubernamental del Katrina y la sangría continuada de la Guerra de Irak, la economía de Estados Unidos se encontraba entonces en medio de lo que empezó a llamarse una “Gran Recesión”. La élite empresarial norteamericana determinó que los Republicanos no podían seguir llevando el país, mientras que la mayoría de norteamericanos también se les giraron en contra. Felizmente, un joven político afroamericano, carismático, socialiberal, sofisticado y economómicamente moderado, apareció en el horizonte.

La campaña de Obama. Barack Obama condujo un deseo de cambio y una ola de esperanza hacia la Casa Blanca en las elecciones de noviembre de 2008. Los votantes abrumadoramente rechazaron JohnMcCain, a quien veían como una continuación de las políticas de la desastrosa presidencia de George Bush. Preocupados por un deterioro de la situación económica, votaron por el cambio. El primer afroamericano elegido presidente representó un cambio de fondo en las actitudes de los norteamericanos hacia la raza, a modo de reflejo retrasado de las victorias de los derechos civiles de las décadas anteriores. La campaña de Obama estuvo propulsada por grupos organizados de todas las clases sociales: desde procuradores financieros y empresariales hasta sindicatos y organizaciones de personas pobres. El voto negro fue suyo, al igual que la amplia mayoría del voto latino. La elección pareció una impresionante victoria para un candidato negro, joven, carismático y liberal.

En el nivel de la política partidaria, la victoria de Obama representó algo nuevo: un primer paso en la creación de un nuevo bloque político hegemónico. Su campaña estuvo apoyada por las altas finanzas (bancos, compañías de seguros, y la industria del crédito), así como muchos ejecutivos empresariales pudientes, y profesionales, sobre todo abogados. Al mismo tiempo, Obama tuvo el apoyo de la AFL-CIO y Change To Win, y también de la National Organization of Women (Organización Nacional de Mujeres), y aunque mucha gente de color no pudo apoyar a Obama debido a su estatus legal irregular, obtuvo su apoyo tácito. La campaña de Obama pareció uno de los clásicos fenómenos interclasistas del Partido Democráta, y de alguna forma lo fue.

Populismo electrónico. Obama y su asesor David Axelrod, sin embargo, crearon una organización política que no se respaldó totalmente en el Partido Demócrato o sus organizacions de base. Utilizando los medios electrónicos (listas de correos, blogs, chats) Obama creó su propia organización de seguidores, obte- niendo dinero, organizando grandes e incluso enormes mítines, y construyendo su propia infraestructura organizativa. Aunque las grandes empresas donaron dinero, los sindicatos, grupos de mujeres, y las organizaciones de las personas de color proporcionarion voluntarios para hacer llamadas, puerta a puerta, etc. Obama consiguió revitalizar al Partido Democráta, y también transformarlo mediante lo que se puede llamar populismo electrónico. Obama no sólo construyó esta infraestructura, sinó que después de las elecciones la ha mantenido, rebautizándola Organizing for America(Organizando por América), con el propósito de movilizar a sus seguidores en torno a su agenda política y las campañas electorales.

El electorado norteamericano votó a favor de sus esperanzas: un retorno a la prosperidad económica y el final de las guerras en Oriente Medio. Los sindicatos tenían su propia lista de deseos, empezando por la Ley de Libre Elección de los Trabajadores (Employee Free Choice Act), que facilitaba el voto de los trabaja- dores a los sindicatos en las empresas, la reforma sanitaria, y una nueva ley de inmigración. El optimismo generado por la campaña de Obama, sin embargo, no duró mucho, ya que entre noviembre y el inicio de su presidencia, el hundimiento de las instituciones financieras se intensificó. Cuando Obama tomó posesión el 20 de enero, no sólo representó la llegada de una nueva administración política, sinó la apertura de una nueva fase económica.

Obama: otra presidencia proempresarial. Desde su llegada al poder, Obama ha usado miles de millones de doláres de los contribuyentes para salvar a los bancos y a las firmas del automóvil, y no ha hecho nada para proteger a los propietarios de viviendas con dificultades y a los trabajadores. Aunque ha afrontado el tema de la sanidad, rápidamente abandonó las propuestas de “pagador único” (single-payer), y después hizo marcha atrás en la lucha por la “Opción Pública de Seguro Salud” (public option insurance). La reforma sanitaria como la defienden ahora Obama y los Demócratas buscasalvar a la industria sanitaria (compañías de seguros, empresas de salud, y médicos) y no proporcionar un buen servicio médico a todos los norteamericanos. Al concentrarse en la sanidad, la Ley de Libre Elección de los Trabajadores y la reforma de inmigración han quedado relegadas en la agenda. Al mismo tiempo, Obama, que es visto por muchos de sus votantes como el candidato de la paz, ha continuado la guerra de Irak, expandido la guerra de Afganistan, y continúa haciendo la guerra a Pakistán a través de ataques aéreos.

Apesar de estas políticas, Obama todavía es popular, y se ha mostrado capaz en el debate sobre la sanidad de acercarse al gran público para recuperar su popularidad, cuando sus indices caían. Aunque Obama cultiva su ascendiente entre los sindicatos, los afroamericanos y los inmigrantes, no representa sus intereses. Al contrario de lo que dicen algunos liberales y radicales americanos, la presidencia de Obama no ha abierto espacio para la izquierda o los movimientos sociales, y no les ha dado, sin duda, un lugar en la mesa.

Los años 1990 y 2000 fueron particularmente episódicos e irregulares en la historia de los movimientos sociales y la izquierda norteamericana. Adiferencia del periodo de 1956 a 1979, no tuvo lugar un movimiento en ascenso sostenido. Los sindicatos y los movimientos sociales pocas veces confluyeron, y fracasaron en convertir sus luchas en luchas de ámbito nacional, ganar más militancia, y en el terreno político. La acción política independiente fue muy escasa y la izquierda fracasó en construir su propio partido político. Por tanto, por todas estas razones, la tarea de la izquierda sigue siendo la de los últimos treinta años: fortalecer los sindicatos y los movimientos sociales, crear un partido político independiente, y propagar el ideal de la democracia y el socialismo, siendo conscientes de que hará falta un movimiento y una organización revolucionaria para conseguir estos objetivos. Por el momento, parece, una vez más, que las guerras en Irak y Afganistán proporcionarán las oportunidades más importantes para la izquierda para intervenir. Aunque, si la Gran Recesión continúa avanzando y se convierte en una segunda Gran Depresión, algo que parece posible, entonces las cuestiones sociales y económicas se convertirán en el centro del activismo de la izquierda.

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Dan La Botz es profesor, escritor y activista, vive en Cincinnati, Ohio. Es autor de varios libros sobre sindicalismo en Estados Unidos, México e Indonesia. Es miembro de la dirección de Solidarity, del consejo editorial de New Politics y editor de Mexican Labor News and Analysis. Para saber más sobre él y su trabajo ver: DanLaBotz.wikidot.com

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